20140806_114559En pleno verano y desde Sri Lanka, escribo ahora mismo este post. Hacer el camino que veis en la foto me inspiró para compartir estas palabras con vosotros. Y es que la idea de camino en sí misma es muy sugerente. Ya le decía el gato a Alicia en el país de las maravillas que cualquier de los dos caminos que escojeria era bueno, siempre que caminara el tiempo suficiente. Reflexionar sobre el camino me ha llevado a hacerme dos preguntas que aportan miradas diferentes y que a la vez están interconectadas:

▶ Cómo escogemos un camino u otro?
Cómo lo vivimos mientras lo estamos recorriendo? (esta mirada es sobre la cual se ha escrito más y por tant no pretendo decir lo que ya está dicho).
 
Respecto a la primera pregunta me surgen tres respuestas (y quizás vosotros podréis encontrar más). La primera manera de escoger un camino es hacerlo desde el análisis y la razón. Desde aquí hay claridad en cuanto a dónde quieres llegar y sabes que ese camino te va a llevar a ese lugar. La segunda manera es hacerlo desde la intuición. Desde aquí no hay razones lógicas y sí confianza desde el sentir que es este el camino correcto. Y una tercera manera es la que se hace con el ánimo de explorar, descubrir y sorprenderte, y quizás la finalidad en sí misma sea ésta (no querer llegar a ningún lugar, simplemente «estar» en este lugar).
 
Como es natural en nosotros, todos y todas tenemos tendencias y solemos escoger una forma u otra. Ahora bien, quizás el tema sea cuestionarse hasta qué punto la manera en cómo escoges te nubla la posibilidad de aprender del camino en sí mismo o bien te amplía la mirada. Mientras recorría las interminables escaleras que veis en la foto (más de 5.000), no podía evitar imaginar el templo que había al final del camino y desear en momentos de cansancio llegar al final del mismo. Yo misma me di cuenta que mientras estaba pendiente de llegar al final estaba olvidando mi alrededor. Qué difícil es frenarnos a nosotros mismos y situarnos en el «estar» del camino, sin otra pretensión! Y es que sin duda el aprendizaje está en el «hacer camino» y lo que ello implica:
 
  mirar a tu alrededor,
sin prisa,
integrando un ritmo propio (solo tuyo),
ser curioso y, sobre todo,
a pesar de que haya niebla, como en la foto, confiar.