Normalmente nos ponemos y nos ponen “etiquetas” que definen cómo somos. De manera similar a como se guarda la ropa en cajones diferentes, hacemos lo mismo con estas etiquetas. Acabamos poniéndolas en una cajonera donde cada una tiene su lugar único e inamovible.

A las personas, de manera natural, nos es demasiado fácil catalogar de manera simplista a los otros y cuando expresamos juicios de alguien tendemos a decir si es simpático o antipático, divertido o aburrido, detallista o poco cuidadoso. De esto, en psicología, lo llamamos polaridades, que no son más que rasgos de personalidad opuestos entre ellos.

Pocas veces se considera que la persona que tenemos delante puede ser de las dos maneras, dependiendo de las circunstancias, y no forzosamente tiene que ser de una o de otra manera. Según la química, las polaridades son las distintas cargas energéticas, positivas y negativas, de una misma molécula. Las personas también somos como moléculas, estamos construidas de polaridades. Ahora, solo nos aportarán riqueza, versatilidad y más recursos si conseguimos integrar las dos.

Por tanto, ¿a qué esperas para abrir de una vez los cajones?

Si la química es el estudio del cambio, donde a partir de reacciones químicas se puede ver la transformación de la materia, el coaching es el trabajo del cambio personal en sí mismo, donde uno de los placeres para mí es ser testigo de la transformación de la persona que tengo delante.

Os propongo un juego. Mirad los dos círculos de la fotografía.

Cercles 1

  1. Pensad en 2 rasgos opuestos de vosotros mismos.
  2. Levantaos y situaros de manera simbólica en un primer círculo y después en el otro.
  3. Una vez lo hayáis hecho, os pregunto:

¿Cómo sois si unís los dos círculos?

Como siempre en el mundo del coaching, tu respuesta te abrirá muchas posibilidades.